
Los océanos son la cuna de la vida en la Tierra y parecen empeñados en demostrarlo al atesorar, todavía hoy, los mayores índices de biodiversidad del planeta. Ningún ecosistema terrestre es capaz de igualar la riqueza biológica de un arrecife coralino, ya no solo en número de especies, sino también en variedad y originalidad de estrategias de de supervivencia.
La historia evolutiva ha sido especialmente benévola en los océanos, mucho más estables que el medio terrestre y, por lo tanto, menos sensibles a los grandes cambios y cataclismos que han asolado el planeta. De este modo, los mares han actuado como reservorio de la biodiversidad planetaria en numerosas ocasiones y en ellos la evolución se ha recreado para moldear las más maravillosas formas de vida.

La Península Ibérica, bordeada en todos sus flancos por el océano, es uno de los lugares de Europa con mayor superficie costera. La diversidad geológica de nuestra península ha dado como resultado una extraordinaria variedad de ambientes costeros, acrecentada aún más, si cabe, por el amplio abanico de climas a las que se ve expuesta. Además, la riqueza de ambientes marinos de la Península Ibérica es posible gracias a un hecho determinante: está bañada por dos océanos de naturaleza muy distinta, uno rico en afloramientos y dominado por corrientes frías al norte y oeste, y otro cálido, cerrado y oligotrófico al este y sur. En efecto, el Atlántico y el Mediterráneo son poseedores de una flora y fauna bien distintas, estructuradas en ecosistemas marinos diferentes en funcionamiento.

Pero precisamente el mismo privilegiado emplazamiento que enriquece los ecosistemas marinos ibéricos constituye el origen de sus principales amenazas. La Península Ibérica posee la segunda flota pesquera de Europa y la riqueza de sus mares está siendo diezmada por la sobreexplotación. Además se sitúa en uno de los continentes más densamente poblados del planeta, por lo que es especialmente vulnerable a la alteración por las actividades humanas. Este problema es especialmente relevante en las costas mediterráneas, que gozan de un clima privilegiado que anualmente atrae a millones de visitantes.
Los océanos son la cuna de la vida, auténticos escaparates de la historia evolutiva de la Tierra, baluartes de la sabiduría de la naturaleza. Los océanos se revelan, sin duda, como la solución al problema de abastecimiento de las sociedades humanas modernas pero, como en tantas otras ocasiones, el ser humano se niega a pensar en el futuro, sumido su endémica codicia. Simple y llanamente los océanos merecen, por su belleza innata, ser protegidos más que ningún otro ecosistema del planeta.








