Si hubiéramos de elegir un embajador de los océanos, un ser capaz de resumir la esencia de lo que nuestros mares son, ese sería, sin duda, el tiburón. Los tiburones han cautivado desde siempre la imaginación de los hombres y han colmado sus miedos, recordándoles a qué elemento pertenecen. Y es que los tiburones reinan en las profundidades desde que éstas existen, pareciendo estar hechos de agua, para el agua y por el agua.
Pero aún dejando de lado la lírica, la importancia de los tiburones y rayas en los océanos sigue fuera de toda discusión, especialmente desde un punto de vista científico. Los elasmobranquios (tiburones y rayas) están situados en la cima de la cadena alimentaria por lo que, como sucede en otros ambientes, son el mejor indicador del estado de salud de los ecosistemas marinos. Cualquier alteración que se produzca en los niveles inferiores del sistema trófico acabará, en mayor o menor medida, afectando a los niveles superiores donde se encuentra el tiburón.

Debemos tener en cuenta igualmente el papel reparador que la actividad depredadora de los Elasmobranquios ejerce sobre otros grupos de organismos, eliminando los individuos enfermos, débiles o menos aptos para la supervivencia. Si las poblaciones de elasmobranquios se diezman, como está sucediendo en todos los rincones del planeta, el balance poblacional y genético del resto de organismos se viene abajo.
Este grupo además, por su condición de superdepredador, presenta unos efectivos poblacionales por lo general reducidos, y una capacidad reproductiva bastante limitada. Esto les hace especialmente vulnerables a la alteración de su medio y especialmente a la eliminación directa de individuos. Y esta es precisamente la principal amenaza que los tiempos modernos le deparan a estas majestuosas criaturas.
El problema del Finning.
La sobrepesca, como en tantos otros grupos marinos, es la principal
amenaza de las poblaciones de tiburones del planeta. La gran demanda de aletas de tiburón desde los mercados orientales y el elevado precio que se paga por esta mercancía, han colocado a la mayoría de especies de elasmobranquios en una situación crítica. Pero el problema no radica tanto en la pesca en sí misma, sino más bien en las técnicas que se vienen empleando con los tiburones. El llamado “finning”, el corte de las aletas del tiburón una vez es abordado, y el posterior descarte del cuerpo del animal, es el auténtico verdugo de los tiburones. Con esta técnica grandes cantidades de aletas pueden ser almacenadas sin poner en compromiso la capacidad de carga de los navíos, con lo que la sobrepesca está más que asegurada. El finning es además un claro ejemplo de “desarrollo insostenible”, en el que se descarta la mayor parte de un producto que casi en su totalidad es aprovechable, únicamente por el valor más elevado de una de sus partes. En este contexto algunas especies, como el tiburón martillo común (Sphyrna mokarran) o el tiburón de puntas blancas (Carcharhinus longimanus), han reducido sus poblaciones entre un 80 y un 99 % en los últimos veinte años. La flota que faena en aguas ibéricas es una de los principales proveedores mundiales de aleta de tiburón, y es que es en nuestros mares, precisamente, donde se localiza el principal frente en la lucha contra el finning.
Medidas de acción.
Ante este panorama, y como no podía ser de otra manera, Iberian Biodiversity decidió involucrarse en la lucha contra el finning, iniciando en el año 2009 su colaboración con la plataforma Shark Alliance, integrada por un buen número de grupos conservacionistas. Desde entonces, siguiendo las líneas de acción de la propia plataforma, en Iberian Biodiversity se trabaja por la conservación de los elasmobranquios en tres frentes principales:
- Acción educativa:
- Celebración anual de la Semana Europea del Tiburón
- Acción política:
- Campaña para la mejora de la regulación europea de la pesca del tiburón
- Campaña para la inclusión de especies en los apéndices del CITES







