El problema global de la sobrepesca.
Hace mucho que el ser humano rompió su equilibrio trófico con el Planeta. En las últimas décadas el crecimiento desmesurado de la población mundial, concentrada en torno a las áreas costeras, ha disparado la demanda de alimentos hasta un nivel que sólo es capaz de asumir el mayor ecosistema productor del planeta: el océano. La rápida mejora tecnológica de las pesquerías en tiempos modernos ha posibilitado que dicha demanda sea satisfecha a cualquier precio, sin importar las consecuencias de futuro y olvidando las lecciones aprendidas en el pasado. Desgraciadamente, el ecosistema global de los océanos tiene, además de una gran capacidad de regeneración, un singular carácter amortiguador frente a las perturbaciones (lo que los científicos llamamos resiliencia), y esto le ha hecho resistir estoicamente la sobreexplotación pesquera durante largo tiempo, mostrando un vigor aparente que hacía las delicias de los grandes armadores. Pero recientemente el gran azul parece haber dicho basta. Ya han comenzado a ser visibles las primeras muestras de colapso, cumpliéndose las previsiones que los conservacionistas y científicos de todo el mundo apuntaban hace décadas: los ecosistemas marinos no pueden soportar el actual modelo pesquero.

Dicen los expertos que los mares y océanos del mundo son perfectamente capaces de abastecer a toda la población mundial actual, y quizá también a la venidera, siempre y cuando se aplique un modelo sostenible de explotación. Sin embargo la pesca moderna está lejos de cumplir tales requisitos. Varios son los principios que sistemáticamente son violados en todos los rincones del Planeta: las tallas mínimas no se respetan, las cuotas establecidas se sobrepasan ampliamente y se sigue enfocando el esfuerzo pesquero en unas pocas especies, de crecimiento lento y capacidad reproductiva baja. Todo ello impide la recuperación poblacional de la mayoría de especies pesqueras, que poco a poco, cada año, van reduciendo sus efectivos hasta entrar, en muchos casos, en niveles demográficos próximos a la extinción. Buen ejemplo de ello es lo sucedido en los años ochenta y noventa con la anchoa del Pacífco Norte (Engraulis mordax), o el actual problema del atún rojo (Thunnus thynnus), la anguila (Anguilla anguilla) o la anchoa del Cantábrico (Engraulis encrasicholus). Mención aparte merece el caso de los elasmobranquios, un grupo especialmente vulnerable por su baja tasa de reproducción y especialmente relevante por situarse en la cúspide de todas las cadenas alimentarias oceánicas. Para ellos hemos preferido diseñar una estrategia de conservación específica (Proyecto de Conservación de Elasmobranquios-Shark Alliance).
La situación en Europa: el rol de los países de la Península Ibérica.
La flota pesquera europea constituye el 8,9 % del total mundial de barcos con cubierta (Fuente: FAO), pero la avanzada dotación tecnológica de sus embarcaciones la sitúan en el segundo puesto en lo que a tonelaje se refiere (únicamente España y Noruega suman ya alrededor del 10% del tonelaje mundial). Estas cifras incluyen un número ingente de barcos de procedencia europea que faenan en caladeros alejados del Continente, tanto en aguas internacionales como en aguas jurisdiccionales de otras naciones al amparo de acuerdos bilaterales específicos. Tal es el volumen de la flota europea y tal su impacto sobre las pesquerías a nivel global. Tan sólo el sector pesquero asíatico, y en especial el chino, supera en volumen y relevancia al europeo. Pero la falta de coperación entre los países de Extremo Oriente y la ambición de un país emergente como China hacen muy difícil el control de sus políticas pesqueras desde un punto de vista global. En este sentido Europa se perfila como el candidato perfecto para implantar un sistema efectivo de referencia que inicie el cambio hacia un modelo de explotación global sostenible.

Si bien Europa parece haber asumido hace ya tiempo esa responsabilidad, su sistema regulador (Política Pesquera Común), aunque razonablemente bien diseñado, no está mostrando la efectividad deseada. Y es que las cuotas establecidas (TAC), pese a estar basadas en la opinión de comités científicos altamente cualificados, rara vez se cumplen, y en muchas zonas las tallas mínimas (aun siendo competencia de los Estados Miembros) siguen sin respetarse mientras las artes de pesca ilegales se emplean sistemáticamente. El esfuerzo de supervisión y control está siendo insuficiente, en especial en lo que respecta a la flota de altura que faena fuera de la Unión Europea, y algunos aspectos de la normativa todavía son susceptibles de endurecimiento (descartes, etc). Se han hecho grandes esfuerzos por reducir él tamaño de la flota, pero el sistema de cuotas y la concesión nacional de licencias han propiciado que un menor número de barcos incrementen su capacidad, manteniendo el esfuerzo pesquero en niveles demasiado elevados. Pero quizá el aspecto que más determina la inefectividad de la política europea es que no afecta a dos de los países con mayor flota y volumen de desembarcos, Islandia y Noruega, quienes a pesar de formar parte del Espacio Económico Europeo (EEE) están exentos de cumplir íntegramente la normativa de la Comisión en materia de pesca, por lo que en cierto modo se mantienen al margen de la preocupación común por reducir el esfuerzo pesquero.

En este escenario España y Portugal ocupan un papel protagonista. Conjuntamente, su flota pesquera es la mayor de la Unión Europea (supone alrededor de un 25% del total) y ambas concentran el 30% de la capacidad comercial (Fuente: Comisión Europea). Su posición es estratégica en la explotación de pesquerías tan sensibles como la de la anchoa, el atun rojo o los elasmobranquios, y su incidencia sobre las migraciones del Estrecho de Gibraltar y los ciclos reproductivos de muchas especies mediterráneas es crucial. Por todo ello, la correcta regulación de la pesca en la Península Ibérica es la llave para la implantación de un modelo sostenible en el Continente Europeo.
La acción de Iberian Biodiversity y Ocean2012.
Desde el año 2010 IBBIO trabaja integrada en la plataforma Ocean2012, un colectivo de 123 organizaciones conservacionistas de todo el continente (que incluye también algunos países fuera de él cuyos recursos pesqueros se ven afectados por las políticas europeas). Ocean2012 fue creado para velar por que la próxima reforma en la Ley de Política Pesquera Común, que la Comisión Europea pretende llevar a término en el año 2012, se lleve a cabo de un modo efectivo que asegure la explotación sostenible de las pesquerías europeas. Con este fin, la plataforma persigue que la nueva ley incluya los siguientes aspectos fundamentales:
- Consagrar la sostenibilidad ambiental como el principio fundamental sin el cual la sostenibilidad económica y social es inalcanzable
- Velar por que las decisiones sean tomadas en los niveles más adecuados y de una forma transparente, asegurando la participación efectiva de los interesados
- Garantizar que los fondos públicos se empleen de un modo que satisfaga únicamiente el bien público, aliviando los efectos sociales de la transición hacia una pesca sostenible
- Ofrecer una capacidad de pesca sostenible en la UE y a nivel regional
- Hacer que el acceso a los recursos pesqueros esté condicionado a criterios ambientales y sociales
Siguiendo las líneas de acción de la propia plataforma, Iberian Biodiversity trabaja por el cambio efectivo en la política pesquera en dos frentes principales:
- Acción educativa:
- Celebración anual de la Semana Europea de la Pesca
- Acción política:
- Campaña para la redacción y aprobación de una nueva ley de Política Pesquera Común justa y sostenible. Para cumplir este objetivo Ocean2012 considera que el proceso de reforma debe centrarse en los siguientes aspectos fundamentales:
o 1. Enfoque medioambiental por el bien social. Los objetivos ambientales deben ser prioritarios para que los objetivos sociales y económicos puedan ser atendidos a largo plazo. Actuar ahora para restaurar la salud de los ecosistemas marinos puede suponer costes sociales y económicos a corto plazo. No hacerlo pone la sostenibilidad y el futuro del sector en su conjunto en grave riesgo. El principio de precaución (que estipula el Acuerdo sobre Poblaciones Piscícolas de las Naciones Unidas de 1995) y el enfoque de ecosistema (definido en la Directiva sobre el Marco Estratégico Marino de la Unión Europea) deben ser la base para cualquier ley futura de Política Pesquera Común. La actual herramiena de gestión pesquera, el Rendimiento Máximo Sostenible (MSY), debe ser utilizada tan sólo como un objetivo de transición, siendo necesarios objetivos de gestión más conservadores para asegurar la buena salud a largo plazo de los stocks.
o 2. Asegurar una buena gestión. El fracaso de la actual Política Pesquera Común puede atribuirse en gran medida a la forma en que se toman las decisiones. Hoy en día las medidas de gestión, incluso las más específicas, se deciden al más alto nivel político, en el Consejo de Ministros y el Parlamento Europeo. Ambos órganos son movidos por intereses económicos a corto plazo, a menudo nacionales o regionales. Con el fin de lograr una pesca sostenible a largo plazo, Ocean2012 propone que el Consejo de Ministros y el Parlamento Europeo se centren en la visión general y los objetivos de la Política Pesquera Común, delegando competencias específicas en organismos más apropiados, como la Comisión, los Estados Miembros u otros órganos de gestión descentralizados. Instamos enérgicamente a que el asesoramiento científico sobre los límites de capturas, que actualmente viene estableciendo el Consejo excediendo un 50% anual, sean tenidas en cuenta. El buen gobierno también incluye la transparencia, la participación de todos los interesados, el acceso público a los datos de captura y tamaño de la flota y la aplicación de mecanismos de evaluación y cumplimiento de la normativa sólidos.
o 3. Aproximar la capacidad de la flota a los recursos pesqueros disponibles. El exceso de capacidad de la flota de la Unión Europea se desconoce con exactitud, pero en algunos casos se estima que se sitúa de dos a tres veces por encima de su nivel sostenible. Es esencial que el esfuerzo sea proporcional a los recursos pesqueros, con el fin de garantizar una pesca económicamente viable y evitar la la pesca ilegal, no regulada y no declarada. El exceso de capacidad no es sólo un problema de tamaño, sino también un problema cualitativo, ya que las diferentes artes de pesca tienen un impacto distinto sobre el medio marino, diferentes requerimientos de combustible, ofrecen distintas cualidades del producto y conllevan por ello efectos sociales muy diferentes. Ocean2012 recomienda una regulación para cada pesquería, en lugar de una para cada Estado Miembro, y que las limitaciones sean establecidas en base a aspectos tanto cualitativos como cuantitativos, al margen de intereses nacionales, y sean asignadas a través de instrumentos y competencias legal y temporalmente vinculantes, para ajustar el esfuerzo pesquero a los recursos disponibles en cada zona, logrando una flota sostenible lo antes posible. El esfuerzo pesquero por pesquería debería tambien ser estimado con regularidad, para que esté en línea con las evaluaciones del stock más recientes.
o 4. Recompensar la pesca responsable con privilegios en el acceso. El actual régimen de asignación de las cuotas anuales (conocido como de estabilidad relativa) han dejado la sobrepesca como legado. El acceso a los recursos pesqueros en virtud de la nueva Política Pesquera Común debería basarse en criterios ambientales y sociales, favoreciendo las artes de pesca y prácticas menos destructivas, el cumplimiento de la ley, el bajo consumo de combustible, el incremento de los puestos de trabajo, la mejora en las condiciones laborales y la obtención de un producto de alta calidad. Con este criterio se crearía una competencia positiva entre pescadores, ya que aquéllos que pescasen de un modo ecológica y socialmente más sostenible obteniendrían los mayores privilegios. A largo plazo este enfoque podría transformar la pesca de la Unión Europea. Las decisiones sobre la asignación de acceso a la pesca podrían ser así significativamente descentralizadas, tomadas en base a principios ecológicos, locales y regionales dependientes de los stocks de cada pesquería. Los operadores de las comunidades locales de pescadores de un área determinada que cumpliesen dichos criterios deberían tener un acceso prioritario. Los intereses ajenos a dicha zona, cumpliendo dichos requisitos, podrían también ser seleccionados para optar a la asignación de cuotas.
o 5. Subvenciones: los fondos públicos para los servicios públicos. Los repetidos intentos por reformar el sistema de ayudas pesqueras de la Unión Europea no han logrado revertir el status quo. Éste ha venido siendo, en esencia, que hay demasiados barcos o embarcaciones demasiado poderosas para muy pocos peces. La nueva Política Pesquera Común debe conllevar un cambio fundamental, estableciendo prioridades de financiación acordes al principio de que el dinero público debe ser utilizado para preservar un bien público: los recursos pesqueros europeos. Las subvenciones y otros instrumentos financieros otorgados por los Estados Miembros deben promover la transición hacia pesquerías social y ecológicamente sostenibles. Deberían favorecer la eliminación de los tonelajes que no cumplan los criterios anteriores y excedan los límites permitidos. No debería haber ayuda financiera a los programas que mantengan o incrementen dicha capacidad.







